"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos" Shakespeare

lunes, 10 de enero de 2011

Sobre las partes y el todo

Imaginemos un cuadro, una hermosa pintura. Tiene una montaña, un bosque con flores y un camino de tierra que conduce hasta una casa. Lo que vemos no son varias pinturas de distintos colores, ya que al combinarse pasaron a formar parte de algo distinto, al mezclarse comparten sus propiedades y en conjunto logran ser algo fabuloso. Para poder ver el cuadro realmente necesitamos ver todos los colores. Si solo pudiéramos ver el color café y un poco del naranja en la pintura, no podríamos apreciar la obra, ni siquiera estaríamos cerca de saber que es.
Lamentablemente en la actualidad el estudio del universo se hace solo observando un color. Algunos ven biología con unos matices de química o física con pinceladas de matemática por mencionar algunos.
Jamás seremos capaces de comprender el todo si vemos solo las piezas, si vemos esas piezas como si no tuvieran su contexto, como si estuvieran aisladas. Por desgracia si cada uno se dedicara a aprender sobre todas las disciplinas no le alcanzaría el tiempo y tampoco lograría el objetivo.
¿Qué podemos hacer? Bueno solo se me ocurre el trabajo en equipo. Mientras uno ve el verde otro puede apreciar el café y ambos podrán imaginar parte del bosque. Aunque es difícil. Creo que por lo menos se debería dejar de descontextualizar cada área de estudio, ver su relación con las demás partes  y con el todo.
Así como el pintor usa el rojo para que al combinarlo con el verde y el café logre dibujar un manzano, las distintas disciplinas solo se explican por su relación con las demás, porque en la naturaleza los procesos no corresponden a un área, corresponden a todas. Somos los humanos quienes dividimos las cosas, estas están siempre unidas.
 Podremos darnos cuenta así que aunque sumemos las propiedades de las piezas por separado no estaremos cerca de las propiedades del todo.

miércoles, 5 de enero de 2011

Sobre quién soy

Lo siguiente es parte de un trabajo de filosofía que hice en el colegio, espero que les sirva. Tomo las cosas desde un punto de vista general, no específico para mi, quiero decir que si quieren  saber específicamente sobre mi (guiándose por el título) tendrán que inferir.  
¿Quién soy? Quizás podría decir que soy un conjunto de órganos con sus reacciones químicas, o varios kilos de elementos químicos. Pero algo me hace creer que soy algo más que eso.
Es una pregunta muy interesante, el hecho de formularla significa algo fundamental SOY. Aun sin saber lo que soy, al menos se que soy algo, existo; no solo existo sino que además soy conciente de que existo. Buen punto, soy conciente, tengo la capacidad de razonar y darme cuenta de algunas cosas que un lápiz o un árbol no se dan cuenta. Entonces, aunque aún no sé qué o quién soy, sé que soy distinto a un lápiz o a un árbol.
No sólo por que pienso, también hago cosas distintas al lápiz. El lápiz escribe… en realidad es utilizado para escribir. Yo quiero cosas distintas… yo QUIERO cosas. No tendría sentido la pregunta ¿querrá el lápiz ser utilizado para escribir? simplemente no lo decide. Yo en cambio si puedo decidir lo que quiero hacer: soy libre para decidir, incluso si no decidiera algo lo haría tomando la opción de no decidir; pues, como dijo Jean-Paul Sartre “Estamos condenados a la libertad”
Bueno pero aun no se quién soy. Otra cosa que podemos ver en la pregunta: está en tiempo presente soy, existo en un presente. Pero no solo soy, también fui y también seré (bueno…supongo).
Mi pasado (mis acontecimientos previos) ha determinado mi manera de ser, mis experiencias y mis relaciones… mis relaciones. Hasta el momento había pensado en quien soy pensando en mi como un ente aislado, pero lo cierto es que la relación que tengo con las demás personas es determinante en mi vida (por cierto aunque no sé qué soy sé que estoy vivo, aunque no esté muy seguro de qué es estar vivo). Ellas influyen en mi manera de ser y yo influyo en ellas, directa o indirectamente; más aun, necesito a las demás personas para ser como soy, si no conociera a alguna de ellas sería alguien distinto, quizá no muy diferente, pero distinto. Por eso sé que soy parte de una sociedad, parte de un conjunto de individuos, muchos de los que se han hecho la misma pregunta ¿quién soy?
Como dije antes esta sociedad influye en mi forma de ser. Esta sociedad posee ciertas características que me parecen muy interesantes. Para empezar posee reglas, las más evidentes son las llamadas leyes. Pero además de estas existen otro tipo de reglas, reglas que no se dicen directamente pero que conocemos porque se nos ha hecho entender que son así, porque la sociedad ha influido en nosotros para que pensemos así o porque nuestro razonamiento nos dice que así debe ser. Son las normas que nos impone la moral. Todas estas normas nos ayudan a mantener un equilibrio entre las personas haciendo que unas no pasen sobre otras. Pero estas normas morales dependen de algo muy subjetivo: nuestro concepto del bien y del mal. Hacemos cosas para hacer un bien, algo que nos beneficie de alguna forma o  que beneficie a otro.
Soy humano, a pesar de que es una definición general y que tampoco es muy claro qué es ser humano. Pero algunas cosas sabemos sobre lo que es ser humano, sabemos que busca el bien. Aunque ese bien puede ser visto de formas muy distintas por cada humano. Como dije antes es muy subjetivo pero en la mayoría de los casos hay cosas generales que todos sabemos son o no buenas. Como señala Fernando Savater “sabemos que una dieta de clavos no es buena para la salud”.
Bueno, quedamos en que mi relación con las personas influye en mi manera de ser. Pero no solo existo yo y las demás personas, el medio en el que me desenvuelvo es amplio: existo en un mundo. Además de las leyes sociales están las leyes de la naturaleza, diversas cosas muy complejas me rodean. Pero… ¿podría decir que todas estas cosas son reales? “¿Qué  es lo real? Si real es lo que puedes percibir con tus sentidos, lo que puedes ver, tocar, oler. Si eso es lo real entonces real son impulsos eléctricos que tu cerebro interpreta” (Morpheo, Matrix). Vaya, entonces ¿qué es todo este mundo en que me desenvuelvo?... entonces ¿soy yo real? Bueno, para mi soy real  porque de otro modo no podría preguntármelo, pero ¿soy real para los demás? o aún más importante ¿son ellos reales? Partiendo de la base Soy Real entonces lo que influya en mi debe ser real. Como los demás y lo que me rodea (es decir, el mundo a mi alrededor) influyen en mi entonces son reales, aunque no puedo estar seguro de que son reales de la forma en que yo creo que lo son.
El resumen de lo acabo de decir es: existo en un mundo, compuesto por individuos de diferentes clases que se desenvuelven en sociedades influyen unos con otros y se rigen por reglas.
No solo el pasado interviene en mi presente, también mi futuro. Sé que algo ocurrirá después de esto y sé que hay algo que debo hacer, pues todo tiene un objetivo, yo también tengo objetivos. Algo busco, aunque no sé qué es; algo necesito. Es ese saber que el mundo es tan extenso, tan complejo, me ofrece tantas posibilidades.
A veces me siento pequeño ante el todo, cada cosa tiene un universo nuevo para mostrarme y lo primero que se me ocurre hacer es observarlo asombrado. Lo siguiente es darme cuenta que soy parte del mundo, por lo que el mundo no es inalcanzable: estoy ya en él y soy tan asombroso para él como él lo es para mí.
Entonces no me basta con observar, necesito más. Comienzo a mover el engranaje en mi cabeza, comienzo a razonar y a utilizar ese razonamiento para entender al mundo para buscar en él la verdad que me conducirá al entendimiento.
Pero una vez que comprendo eso ya no es suficiente, no es solo el conocimiento lo que necesitaba: debo participar en este mundo, ser protagonista de él, no tan solo espectador.
El problema es que son muchas las cosas que me interesan y el tiempo que tengo es poco. Algún día tendré que morir, y eso me hace tener que aprovechar el tiempo que tengo. Así que una de las funciones de la muerte es hacernos aprovechar la vida.

Lo que soy ahora se debe a las lecciones del pasado y a los sueños del futuro

Sobre la trascendencia

Escribir un best seller, conquistar un país, tener un hijo, componer una sinfonía fabulosa, inventar la cura a alguna enfermedad, hacer que tu ejército mate a miles de civiles, batir un record, liberar a un país con protestas pacíficas...
 Son cosas muy variadas, pero tienen al menos una cosa en común. Son (como ya lo habrán deducido por el título) formas de trascendencia.
Como ya dije son muy variadas, pero la mayoría de ellas cumple con algo básico, son pocos los que lo han hecho. Aquellos que han conseguido con éxito algunas de las proezas que he mencionado siguen vigentes aún después de su muerte, ya sea por unos pocos años o por siglos lo que han hecho no ha sido olvidado. 
Ocurre que, consciente o inconscientemente los humanos buscamos trascender. Sentimos una necesidad hacer algo por lo que se nos recuerde, el problema radica en que podemos trascender por cosas positivas y por cosas negativas (aunque el que algo sea positivo o negativo es muy cuestionable) e incluso trascender por ambas. Un ejemplo de lo anterior es Alfred Nobel, quien en su testamento legó la mayor cantidad de su fortuna para crear una fundación (bastante conocida) que estableciera premios en diversos campos. Por otro lado (no tan conocido por las masas) Alfred Nobel fue el inventor de la dinamita que, si bien es principalmente usada en minería, fue utilizada en diversas ocasiones con fines bélicos.
Retomando el tema, podemos trascender por salvar vidas o por acabar con ellas. No cabe duda que por muchos años se enseñará en los colegios sobre Adolf Hitler y también sobre Alexander Fleming, incluso más al primero. Por fortuna tenemos la capacidad de discernir y tomar decisiones, sabemos quiénes son modelos negativos y quienes positivos. Aunque no somos tan libres como creemos, pero de eso hablaré en otro texto.
Pero ¿por qué buscamos trascender?, ¿por qué puede importarme que un desconocido hable de mí cuando mi cuerpo esté bajo tierra? A mi parecer es porque, hagamos lo que hagamos, vamos a dejar de respirar y la trascendencia es la única forma de inmortalidad que podemos encontrar en este mundo. Sin importar lo que creas que ocurrirá con tu alma (si crees que tienes) lo cierto es que no ocurrirá físicamente en este mundo, por lo que para seguir vivo en la Tierra necesitas una trascendencia terrenal. Por cierto si crees que tienes un alma entonces crees que inevitablemente vas a trascender, pero no físicamente. Para este texto estoy utilizando el  término trascendencia sin un sentido religioso, aunque está fuertemente ligado  a ello.
El caso es que no queremos morir. Intentamos alejarnos de la muerte, estamos agradecidos de por vida si alguien salva la vida nuestros hijos o hermanos, nos medicamos, nos entristecemos enormemente si nos detectan una enfermedad incurable y nos tratamos con médicos porque no queremos morir.
Me resulta un tanto extraño, considerando que es inevitable y que lo escuchamos a diario en las noticias, incluso podemos haberlo presenciado. Sabemos que nos puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar. A pesar de esto nos resulta lejana, vivimos con la inconsciente convicción de que jamás llegará a nosotros. En mi opinión tenemos razón. No puedo pensar en que algún día dejaré de existir, por algún motivo no me parece lógico. No sé si transmigración o resurrección o quizá algo más, pero la historia no puede acabar con el último aliento. El ser humano no muere, inconscientemente lo sabemos. Por eso desde las cavernas hemos creído que algo hay después, por eso todas las culturas de distintas épocas y distintos lugares lo han creído. Es propio del humano porque es verdadero.
 Por eso buscamos trascender, porque la idea de morir nos resulta imposible.

martes, 4 de enero de 2011

Introducción


Vivimos nuestras vidas aceptando las verdades que otros quieren que creamos, consumiendo los productos que otros nos dicen que consumamos, aprendiendo las cosas que otros quieren que se nos enseñen, viviendo la vida que otros nos dicen que debemos vivir. Lo aceptamos sin hacer preguntas porque es más fácil ser una marioneta de otros que buscar nuestro propio camino.
Nacemos y aparentemente estamos destinados a vivir en un sistema que jamás escogimos, pero como este sistema es lo único que conocemos nunca se nos pasa por la mente que puede ser distinto. Es el sistema en el que vivieron nuestros padres, que tampoco conocieron jamás otra cosa y nos enseñan a aceptarlo, pues a ellos les enseñaron lo mismo. Luego en el colegio nos siguen imponiendo conocimientos que no podemos escoger.
Aparentemente el mundo cambia a un ritmo acelerado, pero la realidad es que la estructura primaria siempre es la misma y nosotros solo somos una pieza de un enorme puzzle que siempre requiere de más piezas y que en realidad ya nadie es capaz de controlar.
Lo peor es que no nos damos cuenta. Incluso muchos de los que creen que controlan el movimiento de los peones no son sino una marioneta de alguien más.
No estoy hablando solo de sistemas políticos o económicos, hablo de todo.
¿Existe alguna forma de escapar? No tengo esa respuesta, pero sé que no se logrará si no somos conscientes de lo que hacemos y de por qué lo hacemos.