Vivimos sujetos reglas, muchas leyes de distinta naturaleza. Muchas de ellas son fundamentales, como la ley de gravedad. También son muchas con las que nacemos, nuevamente la gravedad es un buen ejemplo. Existen otras que nos enseñan nuestros padres o la vida misma, cosas asociadas a la ética por ejemplo. Otras son fundamentales para vivir en sociedad, en la constitución encontramos muchas de ellas. Existen otras que nos exige la sociedad, formas de vestir o cosas por el estilo. Y están otras que nos hacen creer que existen, como que si nos portamos mal nos llevará el viejo del saco o que los supermercados no se deben hacer responsables por el extravío de pertenencias.
Todas ellas fueron creadas con un propósito que puede diferir mucho de una a otra, pero cada una de ellas te limita. En ocasiones al respetarlas estás renunciando a parte de tu libertad, pero a cambio de eso obtienes un beneficio, que muchas veces es saber que otros también deben respetarla.
A pesar de que estás leyes existan, podemos elegir si las respetaremos o no. Así que en realidad no nos quitan libertad. Eso es para mí un punto muy importante, ya que existen muchas cosas que nos dicen debemos hacer pero que no tenemos por qué hacer si no queremos. Esto no quiere decir que vas a ir por las calles golpeando a la gente por que se te dio la gana, no. Debes pensar en por qué deberías hacerlo y en por qué no, cuales son las consecuencias que esto traerá, con cual forma tu o los demás obtendrán el mayor beneficio y en por qué te están pidiendo que lo hagas. Debemos aprender a “administrar” nuestra libertad. Utilizarla a nuestro favor y no en nuestra contra.
Bueno, hasta el momento tenemos que existen reglas que podemos cumplir o no (por lo que no nos quitan libertad) y que eso puede favorecernos o perjudicarnos, por lo cual debemos discernir sobre cuál es la mejor elección.
Siempre, repito, SIEMPRE escogemos la opción que nos parece, por un motivo u otro mejor. Pero, ¿qué hace que algo nos parezca mejor? Indudablemente el contexto es algo primordial, puedes ir a buscar comida a tu refrigerador si tienes hambre, pero por mucha hambre que tengas no lo harás si se está quemando tu casa, por ejemplo. Priorizamos.
Acabo de mencionar el hambre, es una respuesta del cuerpo ante algo que necesitas. Nosotros necesitamos muchas cosas y, obviamente, intentamos satisfacer esas necesidades. Eso nos motiva a hacer muchas cosas. También además de lo que necesitamos está lo que queremos, eso también nos motiva.
Pero a veces nos encontramos ante situaciones en las que debemos elegir y que no son motivadas por una necesidad (como no hay necesidad no tampoco puedes priorizar) y que obtendrás lo mismo sin importar la opción que escojas. Muchas veces no son tan importantes, como escoger entre ver una película u otra, en esos casos nos basamos en experiencias previas, como que tipo de películas te han agradado o que actores o directores son más prestigiosos. Los gustos o inclinaciones hacia algo y en gran parte la ética son un resultado de las experiencias previas.
Entonces tenemos que lo que nos hace elegir entre una opción u otra es: nuestras necesidades (primero satisfacemos las más importantes), lo que queremos y las experiencias previas. No podemos controlar ninguna de estas cosas.
Entonces ¿Somos libres realmente? Bueno, ¿soy yo quien decide mover mis dedos y escribir esto o no? Pienso que si. A mi favor Ortega y Gasset diría su célebre frase “yo soy yo y mis circunstancias” Si lo uso a mi favor podemos decir que todas aquellas cosas que no controlo son de alguna forma parte de mi.
No los aburriré con un texto tan largo, mejor busquen sus conclusiones. Yo pienso que mis decisiones son inevitables, pero son mis decisiones.