Oh infelices segundos
escurren entre mis dedos,
caen despojados de toda trascendencia
se pierden entre los incontables cadáveres de sus hermanos
mientras el cruel tic-tac no se detiene
Oh dichoso aquel árbol frente a mi ventana
ignorante del paso del tiempo
deja que el sol y la luna jueguen con su destino
deja que le vistan de fiesta y le desnuden una y otra vez
mientras el cruel tic-tac no se detiene
Oh infeliz e ínfima comprensión mía
me hace consciente de la delgada cuerda en que camino
cuerda que separa lo imborrable del pasado
de lo incierto del futuro y en la que solo es cierto
que el cruel tic-tac no se detiene
Oh dichosas gotas de lluvia
que en acto suicida se arrojan desde las nubes
Y que importa, si volverán a subir y a caer.
Quizá algún día parte de mi sea parte ellas
y no importe que el cruel tic-tac no se detiene
Oh infelices los que creemos tener alguna importancia,
cuando la arena se agote en nuestro reloj
el sol seguirá saliendo y la Tierra seguirá su curso
como si nada hubiese pasado, como si nada importase
pues el cruel tic-tac jamás se detiene.