"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos" Shakespeare

jueves, 16 de junio de 2011

La maldición del Icor

Dolor, espada y escarcha
Es difícil intentar resumir una historia tan larga, quizá lo más lógico sería comenzar por el principio, aunque el término principio perdió sentido hace mucho para mí.
El recuerdo más antiguo que conservo intacto es a mi mismo de rodillas, llorando y con las manos teñidas de rojo; también había una mujer en el suelo frente a mí, pude ver sus ojos en el momento en que se le escapó la vida. No recuerdo el lugar, la fecha o lo motivos, pero estoy seguro de dos cosas, la primera es que ambos nos amábamos y la segunda el que yo la maté, pero no quise hacerlo. Todo los recuerdos y el amor hacia ella fueron consumidos lentamente por un dolor profundo, no se podría decir que tristeza, en realidad mis emociones se consumieron también y todo lo que quedó fue el dolor. Deseé morir, en realidad aún conservo ese deseo, creo que es lo más humano que me queda. Pero no podía morir por mis propias manos, habría sido una ofensa al amor que ella sintió por mí.
En ese entonces era parte del ejército y se necesitaban voluntarios para una peligrosa campaña. Las guerras son crueles, ambos bandos son arrogantes y estúpidos. El enemigo merece morir y es deber matar. Pero que importaba todo eso, lo importante es que la muerte tiene festín en campos de batalla y yo quería una cita con ella. Pero ella escapaba. Deseaba morir, es cierto, pero había una parte de mí que se aferraba a la vida y luchaba. No sé cuantos cayeron bajo mi espada, pero después de unas cuantas batallas descubrí que no se habían ido. Estaban conmigo, asechándome, querían venganza. Una multitud de miradas, una multitud que crecía después de cada batalla. Pero que importaba, yo quería lo mismo que ellos, quería mi muerte.
Entonces ocurrió. Estando en batalla, le vi a la distancia. Aquel hombre, estaba lejos pero podía sentir su mirada. No llevaba armadura y todo el que se le acercaba encontraba el destino que yo anhelaba. Al verme me sonrió y luego… luego sentí un dolor intenso. Pude ver aquella flecha saliendo por mi costado. Algún arquero aprovechó mi momento de distracción. Caí al suelo y pude sentir como el tibio líquido escapaba de mis venas y como la escarcha ocupaba su lugar. Sonreí.